ESCUELA DE FÚTBOL COLORADO VÁSQUEZ QUITO ECUADOR

miércoles, 30 de septiembre de 2015

LA NATURALEZA DEL JUEGO

La naturaleza del juego de fútbol se fundamenta en su carácter «lúdico, agonístico y procesal, en que los once jugadores que constituyen los dos equipos se encuentran en una relación de adversidad típica no hostil denominada de rivalidad deportiva »
(Teodorescu, 1983). Los equipos en confrontación directa forman dos entidades colectivas que planifican y coordinan sus acciones para actuar una contra de la otra; sus comportamientos están determinados por las relaciones antagónicas de ataque-defensa. Representan así, en este contexto, una forma de actividad social, con variadas manifestaciones específicas, cuyo contenido consta de acciones e interacciones. La cooperación entre los diferentes elementos se efectúa en condiciones de lucha con adversarios (oposición), los cuales a su vez coordinan sus acciones con el propósito de desorganizar esa cooperación.
Los deportes colectivos, incluyendo naturalmente el juego de fútbol, pueden encararse a partir de diferentes perspectivas que evidencian diferentes aspectos fundamentales para su mejor comprensión y caracterización.
En este sentido, analizaremos cuatro de estas aproximaciones: reglamentaria, psicosocial, técnica y táctica.

La aproximación reglamentaria

En el análisis del subsistema cultural de la organización del juego, iremos asomándonos, de una manera más profunda, a las implicaciones del factor reglamentario en la lógica interna de los juegos deportivos colectivos.
De hecho, y de forma sucinta, podemos señalar que el reglamento normaliza las conductas de los jugadores, estableciendo las condiciones de confrontación ya sea individual o colectiva y que, en última instancia, determina el sentido y el espíritu del juego.

La aproximación psicosocial

A partir de otro punto de vista, los juegos deportivos colectivos pueden encararse como situaciones de exploración dinámica de grupos. En este caso, el juego crea las condiciones de confrontación entre dos grupos con objetivos perfectamente antagónicos, los cuales se aúnan como un «campo de fuerzas que tienden a mantenerse en equilibrio» (Lewin, 1967).
Las diferentes posiciones de los jugadores se manifiestan por relaciones de fuerzas, y el cambio de posición equivale al cambio de estructura. La táctica adoptada durante la competición es el resultado, en gran parte, de un análisis de estos juegos de fuerzas, al escoger la mejor articulación estratégica que proporcione el rompimiento del equilibrio de la estructura adversaria y al recoger para sí la ventaja que resulta de este hecho. En estas circunstancias, las constantes variaciones de posición de los jugadores determinan consiguientemente una enorme diversidad de situaciones momentáneas de juego que, por sí mismas, establecen la existencia de un envolvimiento continuamente inestable con carácter de incertidumbre, reforzado por el hecho de que la iniciativa de juego cambia en función de si el equipo tiene la posesión del balón (proceso ofensivo) o no la tiene (proceso defensivo).

La aproximación técnica

Los modelos de ejecución utilizados durante las situaciones de juego se establecen como uno de los parámetros básicos que configuran y determinan su resolución. Poulton (1957) y Knapp (1971), en función de las habilidades motoras, proponen su clasificación en dos grandes categorías:
«habilidades cerradas»: en que la ejecución técnica se realiza en un contexto (envolvimiento) relativamente estable, y «habilidades abiertas»: en que la ejecución técnica se realiza frente a una gran variabilidad del contexto de la situación de juego. Efectivamente, el desempeño motor de los jugadores está estrechamente relacionado con la capacidad de éstos para responder de forma adecuada y eficaz a las constantes y diversas alteraciones que se producen en el contexto. Debido a este hecho, varios autores, tales como Vanek y Cratty (1972), definen los juegos de deportes colectivos como deportes de situación.
Cualquiera de estas «habilidades» cerradas o abiertas pueden observarse en el juego de fútbol. Las primeras se verifican fundamentalmente en las restituciones del balón en juego (tiros libres, saque de esquina, de salida, de portería, etc.), mientras que las segundas son más utilizadas en el resto de situaciones de
juego.

La aproximación táctica

Cuando observamos el juego de fútbol, inmediatamente llegamos a la conclusión del elevado grado de complejidad que los comportamientos técnico-tácticos de los jugadores encierran en sí mismos. Ejecutar una acción correcta, en el momento exacto, empleando la fuerza necesaria, imprimiendo la velocidad ideal, anticipando las acciones de los adversarios y haciendo comprensible su acción a sus compañeros, son algunos de los elementos que cualquier jugador debe tener en cuenta antes de tomar una decisión. Efectivamente, el comportamiento de los jugadores sólo es compresible si los consideramos individuos que tienen que dar una respuesta eficaz a las diferentes situaciones momentáneas de juego, en cuanto éstos están obligados a adaptarse rápida y continuamente a sí mismos, a las necesidades del equipo y a los problemas planteados por el equipo adversario.
Es en estas circunstancias que los juegos de deportes colectivos son considerados por diversos autores como deportes de preponderancia táctica (Teodorescu, 1984, Schnabell, 1988), que implican la necesidad de resolución de las situaciones de juego, esto es, problemas tácticos continuamente variables que derivan del gran número de adversarios y compañeros con objetivos opuestos, a través del factor técnico-coordinativo.
Esto significa que la resolución de cualquier situación de juego se fundamenta en una doble dependencia:
 de la capacidad técnico-coordinativa del jugador: «si una situación de juego determina un cambio del ángulo de ataque que el jugador no puede realizar, es necesario que éste escoja otra solución que no estará en la lógica de las opciones tácticas más eficaces, pero que expresará las posibilidades de respuesta de ese jugador en ese momento» (Grehaigne, 1992), y de la opción táctico-estratégica tomada por el jugador: «en la cual intenta sorprender a los adversarios ejecutando una respuesta imprevisible dentro de las opciones lógicas de la situación, de forma que consiga quebrar la organización del equipo adversario» (Grehaigne, 1992).
La táctica no significa solamente una organización en función del espacio de juego y de las misiones específicas de los jugadores, ésta presupone, en última instancia, la existencia de una concepción unitaria para el desarrollo del juego o, en otras palabras, el tema general sobre el cual los jugadores están de acuerdo y que les permite establecer un «lenguaje común». En este sentido, la táctica impone diferentes actitudes y comportamientos aunados en un conjunto de combinaciones, cuyos mecanismos asumen un carácter de una disposición universalmente válida, edificada sobre las particularidades del entorno (medio).Por tanto, tal como refiere Barth (1978), «la inteligencia del juego deberá permitir un pensamiento lógico, flexible, original y crítico garantizando la ejecución óptima de las habilidades tácticas y permitiendo modificaciones autónomas de la acción según las circunstancias».
Para concluir, las diferentes aproximaciones analizadas se complementan unas con otras estableciendo un perfil básico, el cual Grehaigne (1992) resume de la siguiente manera: «en un marco en que el objetivo es la victoria y que se traduce por el mayor número de goles conseguidos por los equipos, el juego es indisociable de un marco reglamentario que aúne:
una relación de fuerzas: un grupo de jugadores enfrentándose a otro grupo de jugadores por la posesión del balón; una elección de la habilidad sensorio-motora: los jugadores deben tener un repertorio de respuestas motoras a su disposición para resolver las situaciones momentáneas de juego, y una estrategia individual y colectiva: decisiones implícitas o explícitas tomadas en común, a partir de referencias comunes con el objetivo de vencer al adversario».
Jorge F. F. Castelo

domingo, 27 de septiembre de 2015

ENTRENADOR

No debemos olvidar, y el que lo haga se equivocará, que los verdaderos protagonistas del juego son
losjugadores, nunca nosotros, y que la función del entrenador es preparar a sus pupilos para practicar de forma eficaz un deporte colectivo. Todo nuestro trabajo encaminado a este fin será positivo de un modo u otro, aunque en algunas ocasiones tengamos la sensación de no haberlo hecho tan bien como hubiéramos querido. Con esta mentalidad evitaremos el peligro de querer obtener el rendimiento máximo de los jugadores en una edad en la que no están preparados para darlo. No hemos de olvidar que la etapa juvenil es, todavía, una etapa de formación del jugador, aunque sea la última, y que en ella el jugador no está formado ni física, ni mental, ni emocionalmente, por lo que no debemos anteponer un resultado o un determinado rendimiento a otras facetas del juego que en ese momento del desarrollo del jugador pueden ser más importantes.


Una filosofía de la victoria. Una filosofía victoriosa.

Ni una sola decisión tiene más importancia para determinar su
manera de entrenar que la prioridad que asigna a estos objetivos; en especial, el significado que otorga a la victoria. Algunos entrenadores que afirman que ganar no es lo más importante no se comportan de esa manera cuando entrenan. Por ejemplo, los entrenadores que hacen jugar sólo a los mejores atletas, que hacen jugar a atletas lesionados o que gritan despectivamente a los atletas que han cometido un error demuestran que ganar es más importante para ellos que el desarrollo de los deportistas.
Sea sincero. ¿Otorga en ocasiones un énfasis excesivo a la victoria? ¿Toma decisiones a veces que reflejan más preocupación por ganar el partido que por el desarrollo de sus atletas? ¡Resulta fácil hacerlo en una sociedad que concede tanto valor a la victoria!
Muchos entrenadores se enfrentan a un dilema sobre sus objetivos cuando entrenar. La sociedad recompensa claramente a los ganadores.
Pero la sociedad también entiende el deporte como un medio de ayudar a los jóvenes a desenvolverse en la vida, a forjar el carácter y a desarrollar aptitudes de liderazgo. Los entrenadores que desean ayudar a los jóvenes a evolucionar física, psíquica y socialmente mediante el deporte a menudo se encuentran con que se les evalúa únicamente según su historial de victorias y derrotas.
Altruistas tal vez al principio, demasiados entrenadores veteranos se ven condicionados por las organizaciones para las que trabajan a perseguir el objetivo de la victoria a cualquier precio.
Esto debe cambiar, y los entrenadores deben responsabilizarse de propiciar el cambio. Mientras la sociedad sea voluble en cuanto a los objetivos en la práctica del deporte, los entrenadores deben resistirse a las fuerzas que les animan a ganar a cualquier precio. Los entrenadores, ahora más que nunca, han de tener claros sus objetivos cuando entrenan.
Quiero que considere usted el siguiente objetivo como la piedra angular de su filosofía como entrenador.
Es un objetivo que respaldan muchas organizaciones deportivas nacionales, entrenadores expertos y con éxito de todas las categorías, educadores profesionales y terapeutas. Es un objetivo que espero que usted también apoye y, lo que es más importante, ¡que ponga en práctica! El objetivo es éste:

Los atletas primero, la victoria en segundo lugar 

 Lo que trato de decir con ello es muy simple:
toda decisión que toma y cada comportamiento que exhiba está basado, primero, en lo que juzga que es mejor para sus atletas y, segundo, en lo que puede mejorar las opciones de victoria del
atleta o del grupo.
Los atletas primero, la victoria en segundo lugar es el fundamento filosófico de la carta de Derechos de los Atletas Jóvenes. Dedique un momento al estudio de estos derechos. Piense en cómo su manera de entrenar podría privar a un atleta de esos derechos, y después en cómo puede entrenar para garantizar que todo atleta goce de ellos.
Los atletas primero, la victoria en segundo lugar es un objetivo fácil de decir, pero no tan fácil de cumplir. Hoy día, muchas organizaciones deportivas están dirigidas por directivos que exigen a los entrenadores que inviertan este objetivo la victoria primero, los atletas en segundo lugar, ya sea porque ganar es su objetivo personal o porque estos directivos reciben la presión de otros. Los entrenadores que, con pericia, ayudan a los jóvenes a convertirse en seres humanos mejores, pero que no llegan a ganar una cuota de partidos, a menudo desconocida, son considerados unos perdedores y, con excesiva frecuencia, despedidos.
Ésta es la lamentable realidad del deporte actual, pero debe cambiar y cambiará. En última instancia, no se trata de cuántos partidos se ganan sino de a cuántos jóvenes ha ayudado a convertirse en ganadores en la vida.
Así pues, ¿qué piensa hacer usted ahora si se encuentra en esta situación? Si cree que Los atletas primero, la victoria en segundo lugar refleja la prioridad idónea, resista la tentación de abandonar sus principios porque la presión de ganar supone una amenaza para su puesto de trabajo, o peor, para su autoestima. Resístase a transferir esta amenaza amenazando el bienestar de sus atletas. Cíñase a sus principios y trate de convertir a sus objetivos a quienes le están presionando:
los atletas primero, la victoria en segundo lugar.

Esforzándose para ganar

Tener el los atletas primero, la victoria en segundo lugar como objetivo no significa que ganar carezca de importancia. El objetivo inmediato a corto plazo de cualquier disputa es ganar. Esforzarse
por ganar ateniéndose a las reglas del juego tendría que ser la meta de todo atleta y entrenador.
Practicar deportes sin esforzarse para ganar equivale a ser un “competidor deshonesto”, dice Michael Novak en Joy of Sports. Esforzarse para ganar resulta esencial en una competición placentera.
“Ganar no lo es todo, es lo único”, dice Vince Lombardi, o eso nos han contado. En realidad, Lombardi no lo expresó de ese modo; esa fue la versión de un periodista. Lo que Lombardi dijo, en realidad, fue, “Ganar no lo es todo, pero sí esforzarse para ganar”. Y esa declaración refleja con mayor precisión su filosofía como entrenador.
¿Tiene sentido que el énfasis en la victoria no esté en el hecho de ganar en sí mismo, sino en esforzarse por ganar? Se trata de la búsqueda de la victoria, el sueño de conseguir la meta más que
la meta en sí misma lo que trae consigo la diversión en el deporte. Muchos atletas destacados afirman con candidez que sus mejores recuerdos deportivos no son las victorias mismas, sino los meses de preparación y anticipación, y la autorrevelación antes y durante la competición.

Compromiso

La competición y el esfuerzo para ganar poseen significado en otro aspecto. Hoy día, oímos hablar mucho sobre la alienación de nuestros jóvenes, su falta de compromiso con las instituciones establecidas y su falta de aspiración a lograr la excelencia. Lamentablemente, muchos jóvenes no encuentran actividades en su casa, escuela o lugar de culto que sean dignas de su compromiso. Pero los jóvenes de Norteamérica se sienten atraídos por el deporte; ven en el deporte un desafío al que vale la pena dedicarse. Y ¿cuál
es ese desafío? Es la competición: el comparar capacidades y esfuerzos, la pugna por ganar y el reconocimiento de la excelencia alcanzada.
Larry Smith fue uno de esos jóvenes “no comprometidos”.
Era demasiado vago o indiferente para hacer los ejercicios escolares; solía sentarse en su casa a ver la televisión y a comer, por lo que acabó padeciendo de sobrepeso. Pero, por alguna razón, Larry se decidió a practicar el rugby, donde por fin encontró un desafío. Para formar parte del grupo y bajar del límite superior de peso, tuvo que mejorar sus notas y perder cuatro kilos y medio.
Sus padres y profesores habían tratado de que hiciera ambas cosas durante meses, pero habían fracasado. ¡Ahora lo hacía por su cuenta!
Recientemente, un joven de 16 años con retraso mental recibió un premio en la televisión nacional por sus logros destacados como nadador.
Lo que resultaba digno de mención en este joven era que a la edad de 12 años no podía hablar o llevar a cabo las habilidades básicas de autoayuda, como son alimentarse y vestirse. Gracias a las
Paraolimpiadas, aprendió a nadar y a competir, y este desafío le extrajo de su mundo interior. No sólo aprendió a alimentarse y a vestirse, sino también a hablar y, aún más notable, a enseñar a nadar a otros jóvenes.
Estudiando algunos de los problemas de nuestras escuelas, el célebre educador James Coleman observó que los grandes logros de la humanidad se producen cuando los individuos se comprometen
intensamente con algo, cuando únicamente su esfuerzo total concentrado puede dar lugar al éxito, pero incluso entonces éste no está garantizado. Los deportes atraen ese tipo de compromiso, y a menudo dan como resultado grandes hazañas personales.

Conducta Ética

El elemento competitivo en el deporte posee valor incluso en otro sentido. Mediante el deporte,
los jóvenes pueden formarse moralmente, pueden aprender el código básico de la ética que es transferible
a un código moral en la vida. El deporte de competición –en el que ganar resulta un premio valioso da ocasión a que se produzcan órdenes elevados de desarrollo moral.
Por ejemplo, Sharon está jugando al tenis por diversión con Susan, quien gana el punto tocando
la línea de fondo. Sabiendo que el golpe ha sido bueno, Sharon así lo reconoce. Susan gana.
No resulta tan difícil hacerlo cuando estás practicando el tenis por diversión, cuando hay poco en
juego.
Pero imaginemos a Sharon jugando el mismo partido, y la victoria comporta el prestigioso campeonato
de la ciudad y un viaje al torneo nacional.
Se requiere mucho más carácter para dar la indicación adecuada en este caso.
Uno de los valores del deporte de competición radica en que tales decisiones morales son necesarias con frecuencia y los jóvenes gozan de oportunidades para aprender, y los adultos para modelar, la conducta ética apropiada. Realizar un juicio moral apropiado a expensas de una valiosa victoria constituye una prueba real del carácter, así como una oportunidad para desarrollar el mismo.

Mantener la victoria en perspectiva

Esforzarse para ganar es importante en el deporte. Ese proceso puede extraer lo mejor de los jóvenes: en su rendimiento, compromiso y desarrollo moral. Para que el deporte genere estos beneficios, debe usted mantener la victoria dentro de la perspectiva adecuada: los atletas primero, la victoria en segundo lugar.
Recuerde que esforzarse para ganar el partido constituye un objetivo importante de la disputa, pero no es el objetivo más importante de la práctica del deporte. Resulta fácil perder de vista los objetivos a largo plazo ayudar a los atletas a evolucionar física, psicológica y socialmente mientras se persigue la meta a corto plazo de ganar la contienda, porque las recompensas por ganar son inmediatas y poderosas. Ganar o esforzarse para ganar nunca es más importante que el bienestar de los atletas, independientemente de los mensajes ambiguos que nuestra sociedad difunde. Pregúntese a sí mismo, ¿seré capaz de mantener esas metas a largo plazo no sólo en los entrenamientos, sino en el calor de una contienda, no sólo cuando estoy ganando sino cuando estoy perdiendo, no sólo cuando tengo el apoyo del directivo, sino cuando él o ella me presiona para ganar?
Cuando se mantiene la victoria en perspectiva, los programas deportivos dan lugar a gente joven que disfruta del deporte, que se esfuerza por sobresalir, que se atreve a equivocarse a fin de aprender y que crece con una crítica tanto encomiástica como constructiva. Cuando se mantiene la victoria en perspectiva, hay sitio para la diversión en la pugna por la victoria o, con mayor rigor, la pugna por la victoria es divertida. Con el liderazgo adecuado, los programas deportivos dan lugar jóvenes que aceptan responsabilidades, que aceptan a los demás y, sobre todo, que se aceptan a sí mismos.

Sus objetivos personales.

Espero que usted entrene porque se preocupa por ayudar a gente joven mediante el deporte.
Asimismo, es probable que tenga otros objetivos:
ganarse la vida, demostrar su conocimiento del deporte, merecer el reconocimiento público, quizá incluso la fama. Puede que esté entrenando por el contacto social, el amor al deporte, para divertirse, para viajar o para estar al cargo. Todos estos objetivos y muchos otros constituyen razones personales apropiadas para entrenar, y es preciso que consiga usted cumplir algunos de sus objetivos o, de lo contrario, es probable que abandone.
Los entrenadores, en ocasiones, niegan sus objetivos personales. Tal vez estimen que las únicas razones socialmente aceptables que se pueden dar para entrenar son declaraciones altruistas sobre la ayuda a los atletas. Es conveniente tener estos motivos altruistas, pero resulta perfectamente idónea la pretensión de cumplir objetivos personales al entrenar, asimismo, siempre y cuando el logro de los mismo no sea a expensas del bienestar de los atletas.
Para ayudarle a examinar sus objetivos personales, he enumerado algunos motivos comunes para entrenar en la página siguiente. Indique cuán importante es para usted cada uno de estos motivos rellenando la casilla correspondiente.
Añada cualesquiera otras razones que tenga en el espacio suministrado y ordénelas, igualmente.
Ahora piense rigurosa y honestamente, y trate de identificar cualquier motivo que pueda causar conflictos entre lo que es mejor para usted y lo que es mejor para sus atletas.
Por ejemplo, si el reconocimiento personal o el poder figuran entre sus objetivos personales para entrenar, tiene que precaverse contra el situar sus objetivos por encima del interés de sus atletas.
Será especialmente vulnerable durante las competiciones intensas en la persecución de sus metas a costa de sus deportistas. Este riesgo puede ser administrado, pero tiene que llegar a conocerse bien a sí mismo y a grabar firmemente en su cabeza la filosofía de los atletas primero, la victoria en segundo lugar.
Los entrenadores de éxito conocen la diferencia entre sus objetivos en la disputa, sus objetivos en la participación de sus deportistas y sus objetivos personales. Los entrenadores de éxito se esfuerzan para ganar todas y cada una de las contiendas, aunque deben saber que una victoria es improbable.
Los entrenadores de éxito ayudan a los atletas a desarrollarse física, psicológica y socialmente.
Y los entrenadores de éxito se esfuerzan para cumplir sus metas personales sin poner en peligro el bienestar de sus deportistas. De hecho, los entrenadores de éxito encuentran la manera de lograr los tres objetivos.
EL ENTRENADOR DE ÉXITO
Rainer Martens

Sus objetivos como entrenador.

Tres objetivos principales.

Los entrenadores suelen hacer una lista con numerosas
metas concretas que esperan conseguir al entrenar a sus deportistas; usualmente, sus metas se engloban dentro de tres objetivos mayores:
• Tener a un grupo ganador.
• Ayudar a gente joven a divertirse.
• Ayudar a gente joven a desarrollarse...
a. físicamente, mediante el aprendizaje de habilidades deportivas, mejorando sus capacidades físicas, desarrollando hábitos saludables y evitando las lesiones;
b. psicológicamente, aprendiendo a controlar sus emociones y desarrollando un sentimiento de autoestima, y
c. socialmente, aprendiendo a cooperar en un contexto competitivo y normas apropiadas de conducta.
¿Cuál de estos objetivos es importante para usted? ¿Ganar? ¿Divertirse?
¿Ayudar a gente joven a desarrollarse? Tal vez estime que los tres son válidos.
Pero, ¿son igualmente importantes? ¿Qué pasa si debe escoger entre ellos (lo que a veces tendrá que hacer)? Los entrenadores deben decidir si ir en pos de la victoria a costa, posiblemente, del bienestar y el desarrollo de un atleta.
¿Cuáles serán sus prioridades?

Evaluando sus objetivos

El escueto cuestionario que sigue le ayudará a decidirse sobre sus objetivos de cara a ganar, divertirse y cooperar en el desarrollo de jóvenes deportistas.
Lea cada enunciado y las tres opciones que vienen a continuación. Decida cuál de las tres considera que es la más importante y escriba el número 3 en el espacio en blanco que hay junto a esa letra. Luego decida qué opción es menos importante para usted y escriba 1 en el espacio en blanco correspondiente. Anote un 2 en el espacio restante. Aunque pueda pensar en algunos casos en que las tres opciones son importantes, indique cuál es la que tiene más importancia y cuál es la que tiene menos importancia de todas. Trate de responder a cada pregunte según lo que honestamente siente.
1. Los mejores entrenadores son aquellos que,
A. Prestan ayuda personal y se interesan en el desarrollo de los jóvenes atletas. A. _____
B. Hacen que los entrenamientos y los juegos sean divertidos. B. _____
C. Enseñan a los deportistas las habilidades necesarias para ganar. C. _____
2. Si se escribiera un artículo sobre mí, me gustaría que me describieran como,
A. Un entrenador que ha contribuido al desarrollo de gente joven. A. _____
B. Un entrenador gracias al cual los atletas disfrutaban jugando. B. _____
C. Un entrenador ganador. C. _____
3. Como entrenador hago énfasis en,
A. Enseñar habilidades que los jóvenes puedan utilizar luego en la vida. A. _____
B. Divertirme. B. _____
C. Ganar. C. _____
Total _____ _____ _____
Ahora vamos a puntuar el test. Sume las puntuaciones en cada columna. Cada total debería hallarse
entre 3 y 9; cuanto mayor sea el total, mayor énfasis pone usted en ese resultado. Las primeras columnas
muestran la prioridad que asigna al desarrollo de los jóvenes atletas, la segunda su prioridad en
cuanto a la diversión y la tercera el lugar que otorga a la victoria.
La puntuación de la mayoría de los entrenadores indica que creen que ganar es lo menos importante y que ayudar a los deportistas a desarrollarse es lo más importante. ¿Ha respondido usted del mismo modo? ¿Describe verazmente su modo de entrenar?

EL ENTRENADOR DE ÉXITO
Rainer Martens

jueves, 24 de septiembre de 2015

PARA REFLEXIONAR . . .

A mis padres, a mis profesores, a mis entrenadores, a mis mayores...
Se lo que todo ustedes me quieren. Cada uno me lo demuestra en todo momento y en todas partes y en honor a ese cariño que me brindan y que yo también siento hacia ustedes, quiero que me den la posibilidad de crecer de la manera mas pura y mas simple que pueda.
Déjenme jugar con la alegría que represento.
Déjenme ser el niño que a mi me gusta ser.
No pretendan que logre cosas que tal vez sean importantes, pero para otro momento, y que buscarlas ahora representa perder otras que para mi hoy son mas importantes.
Déjenme vivir con la edad que realmente tengo, pues solo pasa una vez por la vida.
Y no planifiquen tanto con mi vida, ni con mi persona.
Tampoco se desesperen por mis derrotas pues el dolor que me produce perder termina un instante después y ya ni me acuerdo, enseguida vuelvo a sentir alegría por jugar y divertirme.
No busquen triunfos a través mío, ni pretendan que yo sea como ustedes fueron o no pudieron ser.
Soy un niño y quiero serlo.
A mis padres, gracias por elegir este Club, donde haré tantos buenos amigos y también gracias a mis entrenadores que me educan para que llegue a ser un buen deportista.
A veces noto que sufren al costado de la cancha cuando juego, no me gusta que sea así, pues en ese momento soy feliz.
Estoy jugando, y desde adentro pareciera que ustedes, los de afuera, compitieran por mi, que tuvieran celos y que sufrieran por el triunfo que no llega o la jugada esperada que no puedo en ese momento brindarles.
Si me dieran tiempo entenderían que en esta etapa tiene que ser así, que en el deporte como en la vida todo tiene su tiempo, seguramente un día podré dárselos.
Por favor ... Déjenme jugar sin presiones, sin retos, sin tantas correcciones, sin verlos preocupados, discutiendo y hasta a veces peleando por mi ...
Por favor ... dejen que juegue, que me divierta, que sea feliz.
Soy un niño, no lo olviden.
Soy un niño ... y solo una vez en la vida.
Autor anónimo

Siete elementos para la superación personal en el deporte.


Compromiso.

  • Persigue tu sueño.
  • Se lo mejor que puedes ser.
  • Haz todo lo necesario para destacar.
  • Desarrolla los aspectos mentales, físicos y técnicos. 
  • Fija metas personales claras y persíguelas sin darte por vencido. Persevera pese a los obstáculos, aunque parezcan insuperables. 
  • Continua aprendiendo, alimenta la pasión y encuentra alegría en la tarea.

Atención dirigida


  • Céntrate a lo largo de la tarea, acción o interacción. 
  • Céntrate en la tarea.
  • Céntrate en el momento.
  • Céntrate en el lugar.
  • Céntrate en el desempeño.
  • Permanece totalmente absorto en lo que haces o experimentas.
  • Ten un <piloto automático>. 
  • Libérate para que las cosas buenas sucedan de forma natural.

Confianza 


  • En tu propio potencial.

  • En tu capacidad para superar los obstáculos y lograr tus objetivos. 

  • En tu preparación.

  • En tu foco.

  • En tus elecciones.

  • En la relevancia de tu misión. 

  • En la importancia de aquellos con los que trabajas o actúas.

lmaginación o visualización positiva 

  • Produce inspiración y visiones positivas. 
  • Apunta a objetivos específicos y cotidianos.
  • Acelera el proceso de aprendizaje.
  • Prepárate para seguir el plan de juego y desarrollar tu capacidad.
  • Actúa y reacciona en las formas más positivas.
  • Mejora la ejecución sin fisuras de tus habilidades. 
  • Aumenta la confianza.

Preparación mental    

  • Crea oportunidades de aprendizaje positivo.

  • Aprovecha las oportunidades de aprendizaje. 

  • Desarrolla habilidades físicas, mentales y técnicas que son esenciales para sobresalir en tu campo.

  • Planifica, prepara y evalúa de forma eficaz.

  • Sigue un camino que saque lo mejor que hay en ti. 

  • Relájate y se capaz de centrarte en otros ámbitos, además del profesional.  

Control de la distracción 

  • Mantén una concentración eficaz y positiva frente a las distracciones. 

  • Recupera la concentración después de distraerte antes, durante o después de una actuación.

  • Restablece rápidamente tu mejor concentración.

  • Actúa al nivel deseado.
  • Mantente fiel al plan de juego.

  • Consigue un descanso adecuado. 

  • Permanece en el mejor de los caminos que conducen a la superación personal.

Aprendizaje constante  


  •  Reconoce lo que has hecho bien. 
  • Reconoce lo que puedes mejorar o perfeccionar
  • Extrae lecciones importantes de cada experiencia o actuación.
  • Examina como afecta la preparación mental a tu compromiso y a la actuación.
  •   Ten como objetivo el mejorar en aspectos importantes. 
  •   Pon en práctica las lecciones aprendidas en tu aprendizaje constante

Fuente: adaptado de Orlick