ESCUELA DE FÚTBOL COLORADO VÁSQUEZ QUITO ECUADOR

miércoles, 23 de septiembre de 2015

EL COMPORTAMIENTO DEL ENTRENADOR DE DEPORTISTAS JÓVENES EN LA COMPETCIÓN

ACTITUD DEL ENTRENADOR EN LA COMPETICIÓN


La actitud del entrenador de jugadores jóvenes en la competición (prueba, partido etc.) debe ser: objetiva, positiva y constructiva:

      objetiva porque debe valorar con objetividad qué pueden hacer sus jugadores (antes del partido), qué es lo que están haciendo (durante el partido) y qué es lo que han hecho (después del partido);

      positiva, porque sin perder la objetividad, el partido no es el momento para analizar los errores, sino para destacar tas conductas positivas de los jugadores y animarlos para que hagan cosas sin miedo a fracasar;

      constructiva, porque pase lo que pase en el partido, el entrenador debe aprovecharlo para que sus jugadores, individualmente y como conjunto, obtengan un beneficio deportivo y humano.

El entrenador debe tener muy claro qué es lo que, siendo realista, puede esperar de sus jugadores en el partido y no exigirles más, asumiendo que se producirán múltiples errores que serán lógicos considerando estas limitaciones.

  • Por ejemplo: los mejores jugadores del mundo, en sus mejores partidos, han fallado tiros a gol que parecían sencillos: ¿cómo puede enfadarse un entrenador de un equipo de jugadores jóvenes, porque los futbolistas fallan tiros a gol que parecen sencillos?
  • Los mejores jugadores cometen errores en los pases y pierden balones: ¿cómo puede enfadarse un entrenador de un equipo de jugadores jóvenes, porque los futbolistas cometen errores en los pases y pierden balones?

Muchos entrenadores de jugadores jóvenes pierden la perspectiva apropiada y el autocontrol que deben tener en los partidos, cuando sus jugadores cometen errores que son perfectamente normales; y en lugar de centrarse en aquellos aspectos que pueden ser aprovechados, estresan a los jugadores con comentarios inapropiados que aumentan su inseguridad y hacen del partido una experiencia desagradable y negativa.

De hecho, muchos jugadores jóvenes que comenzaron jugando con mucha ilusión, dejan de tenerla; y muchos de ellos abandonan el fútbol o el fútbol-sala porque en los partidos, en lugar de divertirse jugando, lo pasan muy mal.

La conducta del entrenador es un elemento fundamental para evitar este problema; y más aún, para conseguir todo lo contrario: que los partidos sean una experiencia positiva cualquiera que sea su resultado.

Por tanto, el entrenador debe establecer objetivos realistas para el partido y saber que, inevitablemente, habrá aspectos que no saldrán bien:

  • en algunos casos, porque será lo normal considerando el nivel de los jugadores, ya que no podrán hacer más de lo que son capaces;

  • en otros casos, porque será lo normal teniendo en cuenta que en el fútbol (o el fútbol-sala) existe un margen inevitable de errores que debe aceptarse; es decir, por muy bien que estén preparados los jugadores, se producirán errores en aspectos del juego que dominan (pases, tiros a gol, etc.), tal y como les ocurre a los mejores jugadores


De esta forma, el entrenador estará preparado para tolerar los errores de sus jugadores y dirigir el partido sin enfadarse ni perder el control.


También valorará mejor el rendimiento de los jugadores durante y después del partido, en función de los objetivos realistas previamente establecidos.


Muchos entrenadores cometen el error de valorar el rendimiento del equipo de acuerdo con el resultado. Si ganan, hacen una valoración positiva; si pierden, todo lo contrario. Este enfoque es erróneo, porque en todos los partidos, con independencia del resultado final, se producen acciones positivas que deben reforzarse y acciones defectuosas que deben corregirse en futuros entrenamientos.


Si el entrenador, eclipsado por el resultado, no analiza las conductas de los jugadores partiendo de los objetivos realistas previos al partido (¿se han cumplido o no se han cumplido estos objetivos?}, desaprovecha, en gran medida, la experiencia del partido para que los jugadores sigan avanzando.


Por tanto, el entrenador debe estar preparado para aprovechar la experiencia del partido de manera constructiva, sea cuál sea el resultado:


  • por un lado, reforzando las acciones correctas para que los jugadores tiendan a repetirlas;


  • por otro lado, observando las acciones incorrectas que puedan mejorarse, para intentar corregirlas en sucesivos entrenamientos.


El partido no es el ámbito apropiado para corregir los errores más graves (para eso están los entrenamientos) y por tanto, no es útil que el entrenador pierda energía con este propósito, perjudicando el rendimiento de los jugadores en otros aspectos.


En los partidos, el entrenador debe centrarse en los aspectos positivos, reforzándolos para que se repitan, y limitarse a corregir pequeños detalles que verdaderamente puedan modificarse durante el partido.


  • Por ejemplo: deberá reforzar un esfuerzo defensivo o un buen desmarque, y podrá corregir la posición de un defensa en los corners, pero no la forma de golpear el balón o las decisiones complejas si los jugadores no dominan suficientemente estos aspectos.


Además, no debe detenerse en las jugadas pasadas (ya lo hará después, cuando analice el partido en su conjunto), sino centrarse en el presente y en el futuro del partido.


Lo importante en el partido, no es lo que ya ha ocurrido y no puede cambiarse, sino lo que sucede ahora, está a punto de suceder o puede ocurrir en el resto del partido.


  • Por ejemplo: lo importante no es que el equipo contrario haya rematado tres veces sin oposición, sino aprovechar esta experiencia para que, a partir de este momento, no vuelva a suceder.


  • Por tanto, en este ejemplo, el entrenador no debería lamentarse por los remates del equipo contrario, ni recriminar a sus jugadores por lo sucedido, sino dar instrucciones constructivas que los jugadores puedan aplicar para subsanar o reducir este problema en el resto del partido.




Este enfoque objetivo, positivo y constructivo, conforma un estilo eficaz de dirección de los partidos, sobre todo cuando se entrena a jugadores jóvenes.


La utilización de este estilo de dirección, implica que el entrenador debe afrontar los partidos con un talante optimista respecto a la experiencia del partido, con independencia del resultado del mismo. Se gane o se pierda, se juegue bien o se juegue mal, la experiencia debe ser positiva. Lógicamente, será más agradable ganar y jugar bien que perder y jugar mal, pero pase lo que pase, el partido debe ser aprovechado para que los jugadores y el equipo sigan avanzando.


         
Con este propósito, el entrenador debe acudir a los partidos con intenciones como las siguientes:
  • pasarlo bien en lugar de sufrir;
  • disfrutar en lugar de enfadarse;
  • controlar su propia conducta en lugar de actuar impulsivamente guiado por sus emociones;
  • exigir a los jugadores lo que puedan hacer (algo que hayan hecho previamente en los entrenamientos), en lugar de exigirles algo que no puedan hacer (lo que nunca o sólo aisladamente hayan hecho en los entrenamientos);
  • ayudar a los jugadores en lugar de criticarlos destructivamente;
  • animar a los jugadores en lugar de "hundirlos";
  • hacer bien su trabajo como entrenador en lugar de "meter la pata" por no afrontar el partido con la actitud apropiada.
José María Buceta

martes, 22 de septiembre de 2015

EJERCICIOS DE VELOCIDAD

ORGANIZACIÓN DEL JUEGO


Entramos en una materia muy delicada que responde al nombre de “táctica”, aunque esta denominación tan escueta no refleja la realidad de un gran problema, el más importante del fútbol. Para jugar bien se precisa buen estado físico, excelente manejo del balón y notable condición psicológica. Pero si el jugador no “entiende” el juego, no conoce su “lógica” y “lee” mal las situaciones del juego, ¿para qué le sirven su notable condición física, técnica y psicológica?
Como lo anterior quizá les confunda, añadiremos que si se entrena a base de correr y correr, ¿Cuándo los jugadores mejorarán su juego? ¿Cuándo ensayarán para ser un auténtico equipo? Como ejemplo diremos que si estos futbolistas quisieran aprender el inglés a base de “carrera continua” y clases de psicología, ningún éxito alcanzarían. ¡Ah!, dominar el juego del fútbol individual y, sobre todo, colectivamente, es muchísimo más difícil que hablar el idioma de Shakespeare.
Dividiremos esta materia en varios principios básicos:
• Ofensivos (en posesión del balón).
• Defensivos (sin balón)
• Organización del juego (sistema, táctica, etc.)
Dentro de los principios ofensivos (desdoblamientos, espacios libres, apoyos, “paredes”, etc.) el más importante es el desmarque, un compendio de todos ellos. Es una acción física, pero esencialmente, inteligente. Sin embargo técnicos y jugadores parecen desconocerlo. Por ello, éstos gastan muchas energías, sin fruto. Por ejemplo:
1. Cuando lo realizan a un lugar tan lejano del compañero que posee la pelota, que éste es incapaz de enviarla, por falta de potencia en el chut.
2. Cuando lo realizan a zonas inútiles, como puede ser incurrir en fuera de juego.
3. Desmarcarse correctamente pero a destiempo. Haciéndolo cuando el compañero está de espaldas, sin visión y sin posibilidad física de enviarle el esférico.
4. Desmarcándose sin estar “asequible”. Es decir, realizarlo cuando el balón no puede llegarle por un camino despejado (espacio Libre, “pasillo”, etc.) y tampoco existe posibilidad técnica de enviarle el balón por elevación.
5. Si tras su desmarque se sitúa en otra zona, ocupada por compañero y adversario, sin percatarse de que existen otros espacios libres.
6. Si se dirige, perseguido por su adversario, hacia la zona donde se encuentra totalmente desmarcado un compañero.
Ahora bien, de poco valen los desmarques buenos, si el poseedor de la pelota, no se percata de ellos, o no elige el pase más conveniente. Este jugador tendrá concentrada su atención en el juego - no en el balón-, para lograr un fútbol vertical. Su vigilancia u observación hará que, en el momento de iniciar su acción, reaccione con un comportamiento diferente ante una situación imprevista.
Por ello debe tener:
a) clara visión del terreno de juego (visión periférica), para observar todas las posiciones y carreras de compañeros y adversarios.
b) Decidir rápidamente la mejor de las posibilidades que se ofrezcan, jugando inmediatamente o temporizando la acción, para que el compañero llegue al lugar idóneo.
c) Aumentar el desmarque del compañero al que finalmente irá el balón, mediante una finta de pase en sentido opuesto, logrando así coger a contrapié a los adversarios.
d) entregar el balón en el momento justo y no cuando el compañero se ha situado en fuera de juego o está muy retrasado.
e) Desmarcarse tan pronto se ha cedido la pelota.
Una característica del fútbol actual es que los jugadores no deben desmarcarse aisladamente. Los desmarques deben ser generales y sincronizados. Los mejores pueden resultar baldíos si los compañeros no cooperan inteligentemente.
Por ejemplo, hoy no se concibe que un delantero centro se quede metido dentro, estático, sin salir en diagonal hacia las bandas. En el centro, marcado por dos contrarios, no podrá hacer mucho, pero lo peor es que tapona “la bombilla”, e impide que lleguen a ella sus compañeros en forma inesperada. Un delantero centro móvil, que posea improvisación y velocidad de desplazamiento en espacios reducidos, se hace incómodo para los defensas, les crea problemas y origina los huecos necesarios para él y sus camaradas.
Respecto al marcaje, hay algunos técnicos muy renombrados – e infinidad de otros mediocres-, que aseguran que es el antifútbol y que nadie lo debe emplear.
Estas ideas nos parecen increíbles, ya que el marcaje y el desmarcaje no pueden separarse, al estar íntimamente unidos. Marcamos con el fin de apoderarnos del esférico y atacar sirviéndonos del desmarque. Cuando el adversario tiene el balón hay que defenderse, luego hay que marcar. Si nos apoderamos del mismo, hay que atacar; entonces se utiliza el desmarque. Nunca olvidemos que se defiende para poder atacar (sólo existe un balón, luego los dos equipos no pueden hacerlo a la vez) y que cuando atacamos nos estamos defendiendo.
Dentro de los principios defensivos repliegue, cobertura, temporización, anticipación, entrada etc., el marcaje es el más valioso, ya que sin él los otros no serían posibles. No olvidemos que tiene un doble aspecto: individual y colectivo.
Además los equipos pueden hacerlo de diferentes maneras: “zonal”, “al hombre”, “combinado”, “mixto”, o con “pressing”.
Los investigadores del deporte en equipo, definen la organización del juego, de la misma manera, aunque con palabras diferentes: “la organización racional del juego, buscando superar al adversario”. Se divide en sistema de juego, táctica, plan de juego y estrategia
El sistema de juego es la colocación de los jugadores, para desarrollar mediante sus movimientos el plan de antemano definido. Tiene que ser constante e invariable, sin cambiarlo, aunque tampoco será eterno. Los sistemas pueden ser diferentes, pero tendrán características semejantes
Laureano Ruiz

FUTBOLISTAS ALTOS .


Realmente Cruyff y su preferencia por el “futbolista-futbolista”  al margen de su estatura, es una excepción entre los técnicos. La gran mayoría están obsesionados con la estatura, fortaleza y valentía. Este grave error hace un daño tremendo al “fútbol-fútbol”, puesto que llegan a profesionales verdaderas medianías – altos y fuertes, eso sí, mientras los talentos “bajitos”, terminan en el fútbol sala.
 Casi todos los deportes precisan unas cualidades básicas, sin las cuales los principiantes nunca llegarán a la cúspide. El jugador de básquet y el velocista tienen que ser muy altos. El boxeador valiente y de brazo largo. El fondista debe poseer fibras estriadas, rojas... por el contrario, el fútbol no requiere en sus practicantes ninguna cualidad esencial.
Efectivamente un chico gordo o delgadísimo, bajito y barrigudo, utilizando sólo una pierna y siendo nulo en el juego aéreo, puede convertirse en un gran futbolista. Con estas condiciones tan pobres, Puskas, Zico, Platiní y Maradona también Messi, Iniesta y Xavi, han pasado a la historia del fútbol. ¿Cuáles fueron sus cualidades? Sencillamente su sentido del juego, su entendimiento del mismo, su inteligencia futbolística; porque se puede poseer una gran condición física, ser muy alto, tener un gran dominio del balón Y NO SABER JUGAR AL FÚTBOL.
Además, los mejores futbolistas de la historia son de escasa estatura. Vean la talla de algunos jugadores célebres y mediten: Pele (1’70), Di Stefano (1’73), Puskas (1’67), Maradona (1’66), Gento (1’65), Romario (1’68), Kopa (1’68), Zico (1’71), Séeler (1’69), “torpedo” Muller (1’73), Hugo Sánchez (1’72), Paolo Rossi (1’69), Roberto Carlos (1’68), Butragueño (1’70), Santillana (1,75).
Ya sé lector lo que estás pensando: “todos los futbolistas nombrados, pertenecen al pasado. Ahora es muy diferente”. No lo creas. Te puedo nombrar muchos pequeños que triunfan actualmente: Messi (1’69), Ibagaza (1’66), Di Maria (1’67), Tévez (1’69), Kun Agüero (1’72), Alves (1’70), Robinho (1’72), Diego (1’74), Del Piero (1’71), Sneijder (1’70)... Pero finalicemos con los españoles que nos han hecho campeones de Europa y del Mundo: Xavi (1’68), Iniesta (1’67), Silva (1’64), Villa (1’68), Cesc (1’69), Cazorla (1’69), Mata (1,70) y Navas (1,70).
Sin olvidarnos de Munitis (1’67), Bojan (1’72), Iván de la Peña (1’69)...
Releo lo escrito y parece que los futbolistas tienen que ser pequeños. Quizá no me explico bien, pues lo que yo opino es que necesitamos buenos jugadores, sean altos o bajos. Debo añadir que, sin duda, los futbolistas altos tienen  ventajas sobre los bajos en los balones aéreos, en los choques, en la llegada a  balones lejanos comprometidos y en una mejor aptitud para las carreras largas
Ahora bien, los bajos aventajan a los altos en otros aspectos técnicos: al tener el centro de gravedad mucho más cerca del suelo, tienen menos oscilaciones y  pueden efectuar el desplazamiento y reposición del mismo, con una rapidez que nunca podrán alcanzar los de estatura elevada. En resumen, que la arrancada, el frenado, los movimientos cortos para atrás y adelante, los giros y los cambios de dirección  todo lo cual realiza el futbolista constantemente, serán mucho más veloces si los ejecutan los bajos, que si los desarrollan los altos. Por ello,  los grandes dribladores son bajos y de paso breve.
Quede claro una vez más, que no quiero infravalorar a los futbolistas de estatura elevada, ambos tipos de jugador son válidos y se complementan entre sí, como lo demuestra que los grandes equipos o selecciones, siempre han estado formados por futbolistas de muy diversas tallas.
Esto me lleva a la Selección Española. Desde hace más de 40 años, los seleccionadores han llamado a futbolistas altos, fuertes, luchadores y trabajadores.
Opinaban así: los rivales son altos y muy fuertes. Además tienen una mejor condición física de base y, con su fortaleza, superan a nuestros jugadores, técnicos, pero de escasa estatura. Hay que poner a los fuertes.
Lo anterior era recibido aficionados, directivos, críticos y técnicos, como una gran verdad. Por ello, se apostó por los grandes y fuertes, año tras año y Mundial tras Mundial (hasta defensas mediocres jugaron de centrocampistas recuerden a Ríos, zona donde es imprescindible la creatividad).
En realidad lo expuesto era una gran mentira, como queremos demostrar:
1. Para superar a un equipo técnico, de gran calidad, hay que utilizar una  mayor calidad que difícilmente se posee o a base de velocidad, marcaje, anticipación y fuerza.
2. Pero ante un rival físicamente muy superior, por su dureza y velocidad, aparte su gran espíritu de lucha hay que intentar superarle con habilidad, inteligencia, astucia y colocación.
3. Llevo años luchando contra esa opinión generalizada, que valora grandemente las faltas “tácticas”, “inteligentes”. Increíble que se aprecie la impotencia.
Además el balón sigue en poder del rival y no se puede poseer el control del partido sin el esférico. Creo que lo correcto es no hacer falta, arrebatar la pelota al rival y entregársela a un compañero, como hacen o hicieron Mauro Silva, Dunga, Makelele, Toure, Mascherano y en la selección Senna y Busquets.
Luís Aragonés tampoco fue la excepción colocando como sus antecesores, a los altos, fuertes y luchadores. Como aquello no funcionaba, llegó un momento  en que lo vio claro y diáfano. Inmediatamente montó el equipo sobre la calidad,  la técnica y el sentido de la improvisación durante el juego. También sobre la  fortaleza de los altos y la astucia, picardía y habilidad de los pequeños. Con todo  ello y el mejor portero del mundo, España ha realizado un juego magistral, magnifico, colosal.
Creo que la senda del fútbol español, su camino Del Bosque lo sigue-, ya está trazado. Se basa en estas cualidades: técnica, habilidad, inteligencia y calidad. ¡Ah! y que no se cambie si llega alguna derrota. Que llegará. En el fútbol nadie gana siempre. Equipos, jugadores y entrenadores a veces ganamos y otras perdemos. Aquellas palabras de Lineker. “Fútbol: deporte en el que los alemanes ganan siempre”, fue otra solemne equivocación, como se demostró en  la final europea y en el Mundial10. Alemania perdió.
Naturalmente no puedo olvidarme del Barça de Guardiola y de su juego  excepcional. Muchos dicen que es el mejor conjunto de la historia del Barça; lo  que está claro es que ha hecho historia en 2009, con sus títulos. Como todos sabemos, junto a futbolistas altos, están Messi, Xavi, Iniesta, Alves, Bojan... todos pequeños y, sin duda, los mejores.
Por cierto que un renombrado entrenador, alabando el gran juego de Iniesta y Xavi, exclamó: “una lástima que no midan 1’90”. ¡Qué tremendo error! Si tuvieran dicha estatura, no tendrían su gran habilidad y los movimientos “de fútbol”, serían muy lentos. 
Laureano Ruiz