http://es.scribd.com/doc/257599005/Nuevo-Libro-FIFA-Preparacion-Fisica-Integrada
viernes, 28 de agosto de 2015
lunes, 24 de agosto de 2015
domingo, 23 de agosto de 2015
Metabolismo anaeróbico.
Existen diversos canales de energía desde los sistemas de
almacenamiento a los músculos, que por regla general se subdividen en
dos: los que requieren de oxígeno
(aeróbicos) y los que no necesitan de él (anaeróbicos). El objetivo
final de esta operación es convertir la energía de los enlaces químicos
de los macronutrientes como el adenosín trifosfato (ATP) en los músculos, la única forma junto con la fosfocreatina (CP) que posee el cuerpo humano de transformar energía en trabajo
muscular. 8
no obstante existen otros canales que se activan rápidamente
dependiendo de la demanda de trabajo a la que se someta al organismo.
Debido a que el almacenamiento de ATP en los músculos es muy
limitado (preparado tan solo para proporcionar energía durante apenas
unos minutos, el almacenamiento de ATP se agota y se renueva
aproximadamente durante unas 5000 veces al día,
La otra vía que posee el organismo es el metabolismo de carbohidratos, a lo que se denomina glicólisis, que abastece a las células a través del torrente sanguíneo de glucógeno. La vía de la glicólisis es una cadena de reacciones que básicamente tiene como misión obtener ATP por fosforilación a nivel de sustrato mediante la hidrólisis de un compuesto de seis carbonos, la glucosa, produciéndose dos moléculas de 3-carbonos, denominadas piruvato. El piruvato tiene varios potenciales: puede ser oxidado en la propia célula que realizó la glucólisis o exportado a otras células musculares para su oxidación, o dirigido al hígado
para ser transformado en glucosa de nuevo. La glicólisis es
relativamente rápida si se compara con la respiración aeróbica.
Proporciona una gran cantidad de energía durante los primeros minutos
del ejercicio y durante actividades de baja intensidad prolongadas en el
tiempo. Investigaciones realizadas sobre el ácido láctico
hacen ver, que a pesar de ser restos de la glicólisis, estos participan
también en la mejora oxidativa de los músculos vecinos actuando además
como síntesis de nueva glucosa en el hígado.9 Los textos de bioquímica
que explican los canales de la glucólisis mencionan siempre como el
piruvato entra en el ciclo de los ácidos tricarboxílicos (conocido
también como Ciclo de Krebs).
A pesar de esto, algunos autores creen que la formación de ácido
láctico durante el ejercicio es debido a una falta de oxígeno
(anaerobiosis), el punto de vista prevaleciente indica que la producción
del ácido sea iniciada cuando la velocidad de generación de glucólisis
excede a la velocidad de la fosforilación oxidativa. Este punto de vista ha sido re-examinado a la luz de evidencias en el uso del ácido láctico en los orgánulos intracelulares.10 Durante el ejercicio prolongado, especialmente cuando las reservas de glucógeno son bajas, las contribuciones de aminoácidos
al abastecimiento de energía puede llegar a exceder un 10%. Los
carbohidratos se almacenan junto con un contenido de agua como glucógeno
en el hígado
y en los músculos. Estos dos almacenes de glucógeno poseen dos
propósitos diferentes: el glucógeno del músculo inyecta combustible vía
el ácido láctico.
Metabolismo energético.
Si no consideramos al cuerpo humano como un sistema,
se puede ver que existe una cierta cantidad de mecanismos para
almacenar energía en él. Estos mecanismos proporcionan al cuerpo
libertad para demandar continuamente energía desde diferentes fuentes y
poder mantener la homeostasis (equilibrio). Los macronutrientes (vistos desde una perspectiva de química alimentaria) existentes en los alimentos contienen su energía en los enlaces químicos que se ceden al cuerpo en las actividades metabólicas. Tras su digestión y absorción, la energía se almacena como enlaces químicos de fácil disponibilidad en los lípidos (es decir en la 'grasa') y en el glucógeno
hepático. Esta energía de los enlaces químicos es almacenada y
constituye la única fuente de energía que emplea el cuerpo humano
durante la ejecución del deporte (o de una actividad en general). Bajo
este aspecto el metabolismo del cuerpo humano actúa como un motor de combustión interna y emplea la energía almacenada (comida en el cuerpo o gasolina en el motor) de acuerdo con la demanda de trabajo requerida.
La energía metabólica se cuantifica en unidades de energía kilocalorías (kcal, 1000 calorías) o calorías (en mayúscula) y kilojulios (kJ, 1000 julios) o megajulios (MJ, 1000 kJ). La cantidad de O2
que consume una persona media sedentaria adulta es de 0.2 litros por
minuto, lo que supone -a nivel energético- de 1 a 1,8 kcal/min o lo que
es lo mismo de unas 1440 kcal/día hasta unas 2592 kcal/día y el
entrenamiento y la competición deportiva puede hacer que se llegue a
producir un incremento de 500 hasta 1000 kcal/h, dependiendo del ejercicio físico, la duración y la intensidad con la que se practique.5
Esta es la razón por la que debe haber una dieta específica para cada
tipo de deportista. Un corredor de maratón consume aproximadamente entre
2500 y 3000 kcal.6
Dependiendo del tiempo que le lleve su ejecución se puede decir que
consume 750 kcal/hora en un atleta amateur y casi 1500 kcal/hora en uno
profesional (se realiza una sesión de maratón entre 2 y 2.5 horas), de
la misma forma un ciclista que corre la Vuelta Ciclista a España puede llegar a consumir 6500 kcal/día, pudiendo llegar en las etapas de montaña a 9000 kcal/día.7
En tales circunstancias el ritmo de ingesta normal de alimentos sólidos
es difícil y por esta razón se llega a reducir entre un 30% a un 50%,
requiriendo además el uso de 'alimentos especiales' que proporcionen
energía en intervalos de tiempo como pueden ser las barras energéticas u otro suplemento dietético en forma de snacks o bebidas deportivas, todos ellos de rápida liberación energética.
Nutrición deportiva.
La nutrición deportiva es una rama especializada de la nutrición humana
aplicada a las personas que practican deportes intensos como pueden ser
la halterofilia, el culturismo o fitness; aquellos que requieren
esfuerzos prolongados en el tiempo lo que se denomina deportes de
resistencia, como por ejemplo: corredores de maratón, ciclismo o
triatlón.
Dependiendo de los objetivos finales del deporte realizado y
de sus entrenamientos, la nutrición hace hincapié en unos u otros
alimentos; por ejemplo, en el culturismo, son más importantes los
alimentos protéicos que favorezcan la hipertrofia muscular (incremento
de la masa muscular). En cambio en los deportes aeróbicos, como puede
ser el ciclismo, son importantes aquellos alimentos que favorezcan el
esfuerzo energético prolongado como la ingesta de alimento con glúcidos.
Otro deporte que requiere de la nutrición deportiva es el Rugby,
deporte de contacto y desgaste físico, aquel que juega al Rugby y tiene
desgaste físico más de 3 veces a la semana debe tomar más de 3 litros de
agua por día para tener ventajas en el deporte.
La nutrición deportiva cubre todos ciclos del deporte: el descanso,
la fase activa y la de recuperación. Es cierto que el ejercicio aumenta
las necesidades energéticas y nutricionales del cuerpo, una dieta
deportiva puede variar desde 110 kJ/kg/día (26 kcal/kg/día) en una mujer
que practica el fisicoculturismo y 157 kJ/kg/día (38 kcal/kg/día) en
una mujer que hace gimnasia de alto nivel hasta un hombre de triatlón
que consume 272 kJ/kg/día (65 kcal/kg/día) y 347 kJ/kg/día (83
kcal/kg/día) en un ciclista del Tour de France.
La nutrición es uno de los tres factores que marcan la práctica del
deporte, los otros son los factores genéticos particulares del atleta y
el tipo de entrenamiento realizado. Los alimentos que se incluyen en una
dieta deportiva atienden a tres objetivos básicos: proporcionan
energía, proporcionan material para el fortalecimiento y reparación de
los tejidos, mantienen y regulan el metabolismo. No existe una dieta
general para los deportistas, cada deporte tiene unas demandas
especiales y una nutrición específica.
Ya en el año 1897
se realizó el primer Maratón de Boston y en él surgió la polémica
acerca de los alimentos y procedimientos de ingesta de los mismos, ya en
ese maratón se discutía acerca de la conveniencia de incluir ciertas
cantidades de alcohol previas al ejercicio. En el año 1909 el sueco Fridtjof Nansen determinó la relevancia de los hidratos de carbono en la actividad física intensa. En el año 1911
Zuntz pudo determinar que las grasas corporales proporcionaban energía
además de los hidratos de carbono en la actividad física. En 1939 debido
a investigaciones realizadas por ciertos investigadores se pudo
determinar que aquellas personas con dietas abundantes en hidratos de
carbono mejoraban su resistencia. Uno de los grandes avances de la
ciencia fue la utilización de las biopsias musculares en 1967, lo que
ayudó a descubrir la importancia del glucógeno muscular. Max Rubner en
el siglo XIX hizo numerosas contribuciones explicando procesos metabólicos en el organismo de los animales.1 En 1950 Kenneth H. Cooper creó un sistema denominado aerobics para mantener el peso corporal dentro de ciertos límites, publicando sus ideas en un libro titulado "Aerobics" (1968).
Los primeros estudios de la dieta deportiva se realizaron en los años 1920s
para investigar la relación que existía en la resistencia al mantener a
los deportistas en una dieta rica en carbohidratos, frente a otra rica
en grasas.2 a lo largo de los años 1960s se realizaron diversos estudios acerca de la compensación de glucógeno.3
Todos estos estudios revelan que el adecuado empleo de macronutrientes
en la nutrición deportiva mejora las prestaciones de los atletas, y
viceversa: un uso no adecuado perjudica el rendimiento del ejercicio.
No obstante durante el periodo de mediados del siglo XX durante la Guerra Fría la Unión Soviética
tuvo en secreto estudios nutricionales y dietéticos con el objetivo de
lograr la "supremacía en el deporte" de sus atletas, hecho que revelaban
en los sucesivos Juegos Olímpicos
de aquella época. La nutrición deportiva se comenzó a analizar desde un
punto de vista científico a finales del siglo XX, esta nueva mentalidad
alcanzó su punto álgido en una reunión mantenida en las oficinas
centrales del Comité Olímpico Internacional (Lausanne, Suiza) en marzo de 1991 donde se estableció un consenso sobre las investigaciones en el área de la nutrición deportiva.
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